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La tensión entre lo urbano y lo rural en la actual configuración territorial. El caso de Nariño.

La tensión entre lo urbano y lo rural se origina a partir de la división del trabajo. Se trata de un fenómeno trans-histórico que no es exclusivo del sistema mundo capitalista. De ello es necesario señalar que bajo esta época  del desarrollo histórico, la del capitalismo contemporáneo, adquiere nuevas formas  de manifestación que es preciso caracterizar y develar, pues tal como lo afirma Wallerstein (2012) una de las particularidades del capitalismo ha sido su incansable e inexorable necesidad de acumular y permear todos los ámbitos de la vida humana. Esto implica la subsunción o subordinación real o formal de todas las formas, tiempos y espacios del mundo de la vida. Desde esta perspectiva, la expansión del capital, especialmente en los períodos de crisis, reconfigura los territorios estableciendo un nuevo orden de relaciones sociales, valores, significaciones y normas que dan sentido a las nuevas realidades, prácticas sociales y subjetividades (Tomadoni, 2007Dicha reconfiguración territorial desde la geopolítica del capital, marca una nueva realidad en la relación simbiótica urbano/rural, entendida esta –la relación urbano/rural- como una construcción social dialéctica que coexiste en un continuo movimiento de afectaciones mutuas y que por tanto suponen reciprocidad y movimiento bidireccional (Cimadevilla, 2007), una constante tensión que marca, cambia y produce nuevas relaciones sociales, nuevas formas de estar y habitar en el territorio. Ahora bien, es necesario aclarar que la tensión entre lo urbano y lo rural se asume desde una postura dialéctica en la que dos fuerzas aparentemente opuestas, heterogéneas y contrarias constituyen una sola realidad y por tanto conforman intersecciones, se delimitan pero también se contienen y se interpenetran hasta cierto punto, o son parcialmente inmanentes los unos a los otros.Por su parte, Nariño posee una extensión de 3.268.000 hectáreas de las cuales el 63,38% (2.071.333,50 ha.) corresponde a territorios rurales. Según el IGAC (2012), hasta el 2005, la mediana propiedad presentaba la mayor participación, con un 31%, seguida por el minifundio con el 20 % y las grandes propiedades con el 19%. A partir de 2005, la gran propiedad presenta un incremento significativo a expensas, primordialmente, de una caída en la participación de la mediana propiedad, la cual alcanza un 29% de la participación, tras un descenso de dos puntos porcentuales. Este hecho cobra relevancia si se tiene en cuenta que este incremento corresponde al proceso de concentración de la tierra (IGAC, 2012: 322). En este Departamento, más de la mitad de las tierras (51.17%) está concentrada en propietarios de carácter privado, mientras que el 28,31% de la tierra (586.441,10 ha.) pertenece a territorios colectivos de comunidades negras y resguardos indígenas que en población representan más del 30% del total que habita en el departamento.  Tumaco, municipio de la Costa Pacífica del departamento de Nariño, es un claro ejemplo de la concentración de la tierra a través del despojo, “en el año 1994 el 91,3% de los predios eran minifundios. En la actualidad se han reducido a 21,7%, puesto que los predios de minifundios fueron negociados para la siembra de palma aceitera y cría de camarón en cautiverio” (Corponariño, 2007: 21) La concentración de la tierra en Nariño es evidente, si se tiene en cuenta que para el año 2010 se registraron en el IGAC 367.653 propietarios de alguna propiedad rural que en número de predios asciende a 284.142 y tan solo 169 propietarios (0,00045%) son dueños del 52% de la superficie territorial rural del departamento correspondiente a 1.135.029has, contrario al 47.3% de los propietarios (173.996) que poseen tan solo el 2.1% de la superficie territorial rural correspondiente a 45.438has.

Categoría: Tesis

Autor(es): Luz Angélica Dueñas Checa

Formato: pdf

No. de páginas: 98

Año: 2017

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